Discurso de Antonio González Montes para presentación del Premio Copé Oro de Novela 2019

27 Jul, 2020 Publicaciones

16 de julio de 2020

Alejandro Neyra: MI MONSTRUO SAGRADO:  OBRA ABIERTA, CRÍTICA, INDISCRETA Y CALEIDOSCÓPICA, CON DESPLAZAMIENTOS

ESPACIO – TEMPORALES RELEVANTES.

Por: Antonio González Montes (APL y UNMSM)

La flamante novela Mi monstruo sagrado (2020) de Alejandro Neyra (1974), ganadora del Premio Copé de Novela, ofrece a sus inminentes lectores la experiencia de recorrer varias historias en un mismo libro. El incansable y acucioso autor, con una prosa ágil y desopilante, construye un vasto y complejo edificio narrativo que conecta, de una manera creativa, crítica y polémica, la literatura con varios y complicados mundos de nuestra dura realidad.

Esa capacidad de atrapar al lector y de volverlo su cómplice, la sentimos ya en el proceso de evaluación de los originales, que nos entregó PETROPERÚ, que convoca a este prestigioso premio. Al recorrer las páginas de Mi monstruo sagrado, los miembros del jurado fuimos ganados por la curiosidad de saber quién era este escritor que nos contaba historias indiscretas con un estilo desenfadado y con un gran conocimiento de los universos narrativos fácilmente ubicables en la Lima del siglo XX. Los sucesos impactantes habían ocurrido en años cruciales de las décadas de los cuarenta, de los cincuenta y de los sesenta. Y los protagonistas eran parte de la política, del periodismo, de la diplomacia, y de la propia literatura. La mayoría de ellos, destacan como figuras o figurones de noticias, de crímenes, o de escándalos de esa época (de falaz esplendor limeño) caricaturizados bajo el rótulo de Los apachurrantes años cincuenta

Alejandro Neyra, el inquieto y curioso escritor, se ha apropiado, válidamente, del título de un libro que inventó Guillermo Thorndike y que resultó muy atractivo para los que habían sido protagonistas o testigos de aquella dorada década. El valioso y polémico Thorndike acertó al combinar impactantes fotos de personajes famosos del fútbol, del espectáculo, del carnaval, de los reinados de belleza, del cardenal de la época, de Lolo Fernández, de Gladys Zender, con notas divertidas y chispeantes de humor y de ironía y que, estoy seguro, enriquecieron el imaginario de una Lima que ya entonces merecía el duro calificativo que le acuñó Sebastián Salazar Bondy al llamarla “Lima la horrible”. Invito a quienes nos siguen a inventar un adjetivo que iguale o supere y que condene, de ese modo irónico, a la Lima en la que estamos viviendo. Quizá valdría llamarla “Lima, la indescifrable”. Fue en ese mismo escenario alucinante y huachafo en el que a un cardenal, de cuyo nombre no quiero acordarme, se le ocurrió la peregrina decisión de prohibir el mambo de Pérez Prado, el baile que le dio un ritmo frenético a los habitantes de una ciudad húmeda y gris, como es nuestra, vuestra ciudad capital.

Dejemos constancia de que esta apasionante y trepidante historia o historias (cajas chinas) que atrapa al lector desde sus páginas iniciales y no lo deja hasta las finales, yo la he realizado en lucha contra el tiempo, en estos pandémicos días, gracias a la cordial, pero persistente conminación (sí o sí), de Aldo Durán (funcionario del equipo que lleva adelante estas ediciones supersónicas de libros que han ganado premios valiosos. Durán me hizo llegar los originales en forma de un pdf, el cual he podido leer en una verdadera hazaña de desciframiento. Razón por la cual debo agradecer también a Eliana Vásquez Colichón, poeta con gran convocatoria virtual y mi consultora personal en materia de comunicación virtual. Y gracias a ambos (Durán, por PETROPERÚ y Vásquez Colichón, por mi lado) y sin un ejemplar impreso  a la mano, como es lo usual, he podido leer y escribir unas líneas acerca de un libro tan valioso que es, a la vez, y con respecto de su modelo literario original, El monstruo sagrado, de Edgardo de Habich (abril, mayo de 1964), una relectura crítica e implacable de los muchos errores y desaciertos de composición en que incurrió esta novela que, arropada en un quinteto selecto, explotó malamente los detalles más escabrosos de una historia atípica o anómala, como se llega a decir de ella, y en la que un joven llamado Juan Antonio Perazzo, de origen más bien humilde (residía en el Rímac), logró ganar la protección y admiración de un distinguido diplomático, don Jorge McLean y Estenós, figura estelar del mundo diplomático de aquellos apachurrantes años, quien con sus influyentes contactos políticos y diplomáticos logra hacer que Juan Domingo Perazzo, súbitamente, asuma los roles de asistente y secretario personal, del diplomático de marras, a quien en el mundo familiar se le llamaba Coquelo. Se estable una extensa relación amorosa y de dependencia entre ambos, que termina con el asesinato violento y cruel del diplomático, hecho que causa un gran impacto en la distinguida familia del asesinado, en especial de su viuda y demás allegados, aunque estos ya barruntaban de la doble o triple vida que llevaba Coquelo.

Este polémico y provocador libro presentado hoy, reiteramos que apuntaba, en especial al mundo o mundillo literario limeño, como se puede constatar con el título mismo de la novela: Mi monstruo sagrado es una especie de hijo literario e indiscreto del libro El monstruo sagrado, del escritor limeño Edgardo de Habich. Y para completar la sorpresa y el escándalo, dicho libro se publicó en 1964, como parte de una colección que lanzó Populibros peruanos y cuyo editor era nada menos que el también polémico autor Manuel Scorza, notable escritor de la generación literaria de los cincuenta que destacó primero en la poesía y después en la narrativa, con su célebre saga de novelas que comenzó con Redoble por Rancas (1971). En esa, en la década de los sesenta, exactamente en 1964, Scorza publicó El monstruo sagrado, de Edgardo de Habich, dentro de una colección de cinco libros que se vendieron masivamente. El audaz editor lanzaba 20 mil ejemplares, hazaña que no se ha repetido y que dio oportunidad a que los lectores leyéramos obras nacionales y extranjeras de gran calidad. Pero la novela de Habich no estaba en esa categoría, según lo afirma el propio autor de Mi monstruo sagrado, el irreverente y polémico narrador inventado por Alejandro Neyra. Creación novelesca valiosa de este polémico y retador libro, que es posible conocer, gracias al pulso que toma PETROPERÚ, año a año, a la producción más resaltante en los campos del cuento, de la poesía, de la novela y del ensayo. De modo que este pandémico o expandémico año 2020 será el del cuento y el ensayo, los géneros convocados. 

Y antes de seguir con mi aproximación a esta obra ganadora del Copé de Novela 2019, debo revelar, (emulando en esto al indiscreto narrador que nos envuelve con varias historias), un dato personal. Tuve el privilegio de tenerlo como alumno en un curso de Lecturas Literarias que él llevaba en la Facultad de Letras de San Marcos. Ahora puedo pasar como un dato aceptable, el decir que acompañé en su proceso formativo a Alejandro Neyra, (él era ya entonces un gran lector desde muy joven), pero lo que debo destacar es que, de alguna manera, nosotros le dimos la bienvenida al área de literatura de San Marcos, porque él llegaba de haber terminado o de estar concluyendo sus estudios de derecho en la PUCP. Y llevábamos un curso personalizado en el que se nos ofrecía la ocasión de oro, de hablar de obras de reciente aparición de aquellos años (deben haber sido en las últimos o penúltimos años de los noventa). Y estoy seguro de que en ambas instituciones recogió datos relevantes que luego ofrece en su flamante ficción del 2019 , la  cual, a lo largo de sus reveladoras críticas, no deja títere con cabeza entre las ilustres figuras y figurones del alto nivel del mundo de la política, de la diplomática, de la prensa, de las letras, de las instituciones (incluida la Cancillería) de la época de Odría, etapa en la que  había incursionado ya Mario Vargas Llosa con su célebre Conversación en la catedral (1969), que el año pasado cumplió medio siglo de exitosa permanencia entre los lectores y a cuya ceremonia de homenaje asistimos en la Universidad de Sevilla, en el marco del gran Congreso de las Academias Españolas, conducidas en forma coordinada por don Santiago Muñoz Machado (RAE) y don Francisco Javier Pérez (ASALE).

Y en algo en que coinciden ambas novelas (la primera de 1969, la famosa Conversación en la catedral y la segunda Mi monstruo sagrado de 2019 (medio siglo de diferencia), es que, en ambos casos, las relaciones entre los padres y sus respectivos hijos son conflictivas por similares, aunque, a la vez, motivos discrepantes. En el caso de la novela de Mario Vargas Llosa (dato documentado en El pez y el agua, 1993), su papá trata de alejarlo a la fuerza de la literatura, mientras el progenitor del entonces autor del proyecto de Mi monstruo sagrado, lo anima a escribir acerca de un famoso caso, ocurrido varios años antes (1951) en el cual un “diplomático maricón” murió asesinado por Juan Antonio Perazzo, su asistente de cátedra, en una etapa en que el funcionario fungía de profesor del curso de historia, y el papá del futuro narrador era simplemente alumno del diplomático en el colegio Alfonso Ugarte, de Lima, y allí conoció también al futuro asesino (que actuaba como asistente de cátedra y secretario personal de Coquelo), sin sospechar que algunos años después su protegido lo iba a matar, por razones de celos (mantenían una relación equívoca y secreta).

Todo esto ocurre después de que el diplomático, luego de haber representado al Perú en Portugal, en plena época de la dictadura de Oliveira y Salazar, regresa al Perú, hasta donde lo había acompañado, como su sombra, Juan Antonio Perazzo, el que iba a ser asesino de su protector (época en que Perazzo trabajó en equipo con Luis Angell (Sofocleto), que corresponde a la fama de este prolífico periodista que tuvo varios años de producción humorista, casi en aquellos mismos inolvidables tiempos en que los personajes de los sectores privilegiados vivían y la pasaban bien en aquellos “Apachurrantes años cincuenta´´, feliz expresión que retrata la regalada vida que compartían los sectores privilegiados de la Lima de esos años dorados pero falaces. (Al margen de este detalle consideramos que el libro de Guillermo Thorndike merece una nueva edición porque es un magnífico y ágil retrato (con impactantes fotos y valiosas notas) de un tiempo perdido). Estamos seguros de que el narrador de esta novela lo ha consultado como una de las muchas fuentes que ha examinado in situ, para hacer una recreación que se centra en un asesinato que ocurrió en 1951 y que fue motivo de interés y alimento fértil para las impactantes versiones periodísticas que aparecieron en los principales, pero no únicos diarios de la época (El Comercio, La Prensa y Última hora), porque el implacable y minucioso narrador reivindica también a un poco conocido diario, El sol de Lima, que ofrece, al parecer, una visión completa y atractiva para los curiosos, de la historia del crimen que conmocionó a medio Lima y entre esos fieles lectores estaba el propio padre del futuro del narrador, quien convencido de que su hijo mostraba inclinaciones literarias y no iba a seguir Derecho, devino en una de sus principales fuentes informativas, y hasta lo animaba, de vez en cuando, a escribir la historia del “embajador maricón” que trabajaba en el Palacio de Torre Tagle y llevaba una vida secreta allí mismo, donde proyectaba la imagen de un distinguido diplomático, pero que en las tardes dictaba unas horas del curso de Historia del Perú, siempre asistido por Juan Antonio Perazzo, un joven, de origen humilde, y que McLean, con el poder y contactos que tenía, le dio a Perazzo la opción de hacerlo su asistente y secretario personal, a la vez que recibía los favores de este joven, sin oficio ni beneficio, quien con tal de ganarse el necesario sustento diario, no vaciló en establecer una especie de nexo, de amo y de esclavo, con el diplomático, a quien pocos años mató en forma fría y cruel en esos años de los apachurrantes años cincuenta) (original y revelador folleto del escritor Guillermo Thorndike), título que merece, sin duda, una relectura a la que convoca el autor, Alejandro Neyra, nacido a mediados de la década de los setenta (1974), pero que destaca por su agudo y documentado libro de ficción que parece romper las fronteras entre lo real y lo imaginario de la Lima del pasado y del presente.

Ya me he referido a ciertas claves de lectura en mi condición de miembro del jurado que consagró a “Mi monstruo sagrado” de Alejandro Neyra, y en este momento de lanzamiento oficial de la obra me encuentro en la privilegiada condición de presentador de una novela que, sin duda, alborotará, el ambiente limeño, del Perú y de otros lugares del mundo en los cuales se sigue con interés lo que se escribe con pasión y técnica, que es el caso de Neyra.

Una de las claves que hacen de este libro, una obra difícil de publicar es que su punto de partida es un dilema difícil de afrontar que tuvo que resolver el propio y audaz narrador. Y este dilema consiste en que él dudó mucho cuando le dio forma novelesca y aún más al momento de plasmarla y de presentarla como una obra narrativa. Es que dado lo prohibitivo del asunto del crimen y de una adicional causa secreta, no resultó fácil plasmar creativamente el tópico del amor de un hombre hacia otro hombre, porque el mismo narrador, cuyo padre era homofóbico, nunca hubiera admitido que su propio hijo fuera parte de una relación equívoca. Y, sin embargo, esa posibilidad se dio cuando el joven, cuya vocación literaria no se había decidido, aceptó estudiar en el Palacio de Torre Tagle para seguir una pasantía, como parte de sus estudios. En esa circunstancia conoció a un maduro y cosmopolita diplomático que volvía de Europa y con el cual vivió un romance que está incluido en la novela, en forma de cuento y se llama “Corazón de poeta”. Este cuento es otro de los puntos altos de la novela de Alejandro Neyra, porque retoma el tópico vedado de la relación homosexual, entre un brillante diplomático, con fama de irresistible seductor y que además vuelve soltero, con lo cual deviene en un objeto del deseo por quien deben luchar las chicas que trabajan en el Palacio de Torre Tagle.

Tarea que resulta infructuosa para ellas, porque en contra de lo esperable, según el código de las relaciones emocionales, este viejo y maduro diplomático, que vuelve a la Cancillería, luego de un memorable periplo por el Viejo Mundo, retorna a su hábitat natural, no para seducir mujeres, sino para iniciar una relación amorosa con el cuentista de Corazón de poeta, cuyo creador es el propio autor de Mi monstruo sagrado quien, mezclando ficción con realidad, ha creado esta estupenda y lograda historia, que se engarza dentro de la tradición novelesca propia de Torre Tagle. De modo que la fascinante trama amorosa que vive esta romántica pareja de un diplomático cuajado, con un bisoño que incursiona en los predios de este tipo de aventuras novelescas, responde a un tipo de amor entre hombres, que es una socorrida temática que existe en el mundo diplomático desde tiempos lejanos, en una añeja y prestigiosa institución, como es la Cancillería, que es solamente un “mundo de formas” y de rituales que no tienen nada de trascendencia ni de prestigio irreprochable, según lo expresa el implacable narrador.

Si bien este enamoramiento transcurre en una atmósfera que incluye la presencia de la alta cultura (música, pintura, poesía clásica, escultura, entre otras), al final el autor de esta aventura amatoria que según él marcaría su vida, no es sino la repetición de un ritual que forma parte de una de las no mejores y rescatables prácticas y opciones que pululan en el mundo diplomático, según lo afirma el propio y desengañado autor de Corazón de poeta, que por cierto y en base a una sólida formación literaria y cinematográfica, que incluye referencias al famoso Alfred Hitchcock, llega a la frustrante conclusión de que el inolvidable y amor eterno con el viejo y seductor diplomático, que lo ha hecho conocer Europa, no es sino una versión más del tópico cursi de los amores equívocos en el Palacio de Torre Tagle, según lo afirma el propio narrador de esta obra ganadora.

Habría muchos interesantes y polémicos asuntos que ventilar en relación con Mi monstruo sagrado. Lo relevante, desde el punto de la composición total de la ficción ganadora, es que el narrador logra con el objetivo, no exento de dolor, de homenajear a su padre ya fallecido, quien siempre lo incentivó a escribir esta escabrosa narración. Y que nunca imaginó que su hijo iba a replicar la historia de Perazzo y Coquelo. Por eso la da a conocer cuando su padre está muerto y no puede leerla. Le hubiera producido un shock.

Y el otro mérito de los muchos más que exhibe Mi monstruo sagrado, de Alejandro Neyra es que consigue conectar todas las historias que ha logrado incorporar a esta riquísima ficción. Engaza, por ejemplo, la historia de Perazzo y de Coquelo, con El Monstruo Sagrado, de Edgardo de Habich y con otras ficciones cinematográficas extranjeras (Compulsión, La soga), entre otras. Además y en una labor que posee muchos rasgos en común con la novela periodística de investigación, el persistente narrador consigue ubicar a Juan Antonio Perazzo, libre desde hace algún tiempo (sale de prisión por buena conducta) y lo sigue y, en el año de 1964, en Chiclayo, el mismo año en que se lanza editorialmente El monstruo sagrado de Edgardo de Habich, a quien el infatigable pesquisador literario, ubica primero en Lima y luego en Chiclayo, donde una vez libre y olvidado por la prensa que lo perseguía por lo del crimen, se ha transformado en un personaje reconocido, que organiza actividades culturales y se dedica a rastrear historias similares a las que ha vivido, y entre ellas, exhuma la experiencia traumática del escritor piurano José Eufemio Lora y Lora, figura de segunda o de tercera categoría del arbitrario e injusto canon literario que se elabora en Lima y que tiene su peso específico, pero felizmente las provincias con esfuerzo logran dar a conocer una producción literaria de tan alta calidad, muchos de cuyos títulos nos son conocidos.

Y para terminar con esta relación comprometedora (la ficción siempre lo es), se insinúa que Lora y Lora habría mantenido una relación semejante con Rubén Darío. Contagiados por este espíritu abierto y polémico de Alejandro Neyra, le reiteramos nuestro alto aprecio y lo incentivamos a seguir leyendo y escribiendo, pasiones que están en sus genes, de modo que tenemos literatura para rato, firmada por nuestro apreciado autor peruano y latinoamericano. Gracias.

Datos de publicación: Alejandro Neyra. Mi monstruo sagrado. Lima. Ediciones Copé – Petroperú. Julio 2020.